martes, 3 de mayo de 2011

Deportes y cultura: Cine: RAGING BULL

Quien a hierro mata, a hierro muere.
Refrán

Históricamente, el cine ha casado con el boxeo (en mi opinión) mejor que con cualquier otra disciplina deportiva, prueba de ello son las decenas de películas memorables ambientadas alrededor de un ring, hoy hablare de mi favorita, Raging Bull traducida al castellano como Toro Salvaje.

La película cuenta la historia de Jake LaMotta, boxeador estadounidense de origen italiano, campeón de los pesos medios en la década de los 40, habitual rival del inolvidable Sugar Ray Robinson y juguete roto, incluso, desde unos años antes de abandonar su carrera deportiva.

Las algo más de dos horas del film quedan absolutamente inundadas por la colosal actuación de Robert De Niro (Oscar al mejor actor principal 1980), en la que nos muestra a un campeón salido de los bajos fondos. Se nos muestra el camino que parte del criminal juvenil y llega al alcohólico lenguaraz que se da cuenta de que tirado su vida por la borda, pasando por el campeón lleno de fama y malos vicios.


Además de un reparto acertadísimo y una escenografía brillante, la película de Scorsese nos deja una imagen general del mundo del boxeo y sus alrededores a mitad del siglo XX que invita a la reflexión. ¿Cómo un deporte que congregaba a lo más granado de la sociedad se ha convertido con los años en un espectáculo minoritario? ¿Dónde están los ídolos que poblaban los cuadriláteros?

Corriendo paralelo a la vida de LaMotta vemos alguna de las miserias que condenaron al boxeo al ostracismo, a la par que observamos algunas de las grandezas de un deporte clásico. Contemplamos como los jóvenes salidos de barrios marginales, que habían crecido con bastantes limitaciones, pasaban en poco tiempo a ser perseguidos por la masas y a vivir en la opulencia; como sus vidas de oro se tornaban en hojalata a causa de sus desenfrenos y, finalmente, como la persona que iba camino del sueño americano, el hombre hecho a sí mismo, el luchador que no se arredraba ante ninguna adversidad, cae derrotado ante su reflejo en el espejo.

El encanto del boxeo emana, en gran parte, de la concepción clásica del enfrentamiento entre dos hombres cuerpo a cuerpo, la batalla a pecho descubierto sin ambages, es decir, de la pureza del deporte; seguramente por eso todos los escándalos de amaño que han bombardeado los ring han minado por no decir devastado, probablemente para siempre, la credibilidad de este deporte (quizá el ciclismo debería tomar buena nota en este punto). 

La escena del combate amañado entre LaMotta y Fox, es muy reveladora de la vida que tuvo el protagonista (y muchos otros púgiles), viendo como el boxeador se debate entre las presiones que rodean al boxeo y que le harán dejarse ganar y lo único que le ha hecho feliz en la vida, pelear. Finalmente decide dejarse ir, pero a su modo, quedando en pie, sin besar la lona.


Los que no la hayáis visto, por favor, hacedlo. Cine del bueno en toda su extensión y una actuación sublime por parte de todo el reparto. Como siempre, si podéis elegir, la V.O. es muy superior, especialmente en los casos de De Niro y Joe Pecsi.