jueves, 24 de marzo de 2011

Altar de deidades deportivas: RAÚL GONZÁLEZ BLANCO

Oh capitán, mi capitán – Walt Whitman

Nunca un viaje de ida y vuelta a Zaragoza había dado tanto de sí. Entre una noche de octubre del año 1994 y una tarde primaveral de abril de 2010, ambas a orillas del Ebro, se encerró la carrera deportiva de una de los jugadores más importantes y simbólicos de la historia del Real Madrid.
Una generación entera de madridistas debe a Raúl gran parte de las alegrías que el fútbol les ha dado en los últimos años. Esos mismos que recuerdan al Real Madrid pre-Raúl siendo un equipo más en Europa, sin el fuste que su palmarés le presuponía, vieron como arrastrado por el orgullo de un chico salido de los equipos inferiores la escuadra madridista volvía a ser respetada y temida tanto dentro como fuera de España.



Resumir diecisiete años de carrera en una sola imagen quizá sea imposible, de hecho lo es, pero siguiendo la tendencia de la sociedad en la que vivimos y que reza que una imagen vale más que mil palabras puede que la siguiente fotografía, sin ser una de las más conocidas de Raúl, nos muestre de una manera perfecta lo que ha sido y es Raúl González Blanco.
En su primera temporada en la Copa de Europa el Real Madrid se enfrento a la Juve en cuartos de final. Aquel era un Real Madrid que empezaba a recuperar algo del prestigio que sembraron en los 50 Di Estefano, Gento, Puskas y compañía, sin embargo, aquella Juve era un gran equipo, una plantilla que alcanzo tres finales consecutivas de la Copa de Europa repleta de talento (Vialli, Ravanelli, Zidane) y carácter (Deschamps, Montero, Ferrara). Pero eso no consiguió amilanar al joven madridista. Con 18 años Raúl se encaro con Pietro Vierchowood, que en ese momento le doblaba la edad, como muestra la imagen.

Puede que esa sea la mejor metáfora de la personalidad de Raúl, para él no había limites, no había imposibles, no había convencionalismos, solo había un camino, el que llevaba a la victoria a través de la determinación.
Dejando aparte los datos y estadísticas acumulados a lo largo de su carrera, que nos darían para escribir un par de tomos del grosor de la guía telefónica de Paris, la carrera de Raúl se configura alrededor del compromiso y la identificación con el escudo que porta en el pecho.


Por eso, aunque desde hace unos meses no presione y levante a todo su estadio en volandas, en Chamartín se le sigue guardando un sitio, uno que siempre será solo SUYO. 

Para despedirnos … En estos días en que parecen no acabarse los ecos y las celebraciones en Can Barça solo podemos recordar que hubo un momento en que el silencio se apodero de esos mismo lugares …


P.D:  Este post ( y por extensión este blog) no pretende ser un homenaje, ni ser objetivo y en ocasiones puede que no sea ni siquiera cierto ni certero, solo son opiniones, solo es deporte. Tantas veces emotivo, personal e indemostrable