lunes, 16 de mayo de 2011

Contador: ¿llama de esperanza o tumba del ciclismo?

La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte.
Friedrich Nietzsche

No puedo evitar emocionarme con las victorias y el estilo de Alberto Contador, en tardes como la de ayer uno vuelve a sentir el ciclismo como hace años. Aprovechando las rampas de una atípica ascensión, la de un volcán en activo, el corredor de Pinto nos volvió a recordar al corredor que siempre persigue la victoria, no solo en la general sino en todos y cada uno de los días de la carrera.

A siete kilómetros de meta, Contador se levantó en su bicicleta y con ese pedaleo alegre que le caracteriza, demarró y fue desgastando y exprimiendo a todos y cada uno de los rivales que le acompañan en el Giro. Nos devolvió ese ciclismo de ataque y esfuerzo, sin diferencias meteóricas, con momentos de grandeza y emoción. 

Esta es la parte grande de Alberto Contador, la de un chico humilde que nos remite a los grandes del ciclismo, un corredor que no selecciona y guarda fuerzas, que no regala victorias pero tampoco tiene un mal gesto hacia nadie, que es un escalador pero sufre en la cronos para no fiarlo todo a las rampas, un ganador que no toma en cuenta solo el Tour de Francia sino que engrandece con su presencia todo tipo de carreras.

Sin embargo, existe otra “realidad” de Contador. Cada vez que contemplamos ese brazo estirado y esa mano que simula una pistola sabemos que ha sumado una victoria en su palmarés pero también somos conscientes de la cantidad de suspicacias que se generan a su alrededor. La superioridad que ha mostrado en algunas ocasiones, los pocos bajones en su rendimiento, la vergonzosa connivencia que ha existido en España entre deportistas y dopaje, la intromisión de los políticos en sus acusaciones por parte de la UCI y el profundísimo estigma que el doping ha causado en el ciclismo hacen dudar de la honestidad de Contador. Su caso, aun por resolver, ha presentado dudas y contradicciones desde el primer minuto, incluyendo teorías que hacían más culpables a los carniceros que al corredor o al equipo.

Por lo antes expuesto y por decenas de razones más, Contador se presenta a día de hoy como llave maestra o bien como cerrojo definitivo para la recuperación del ciclismo. Uno de los deportes clásicos que más ha cautivado a este país y a tantos otros, se encuentra en una encrucijada, de la que únicamente podría salir gracias a los corredores, principalmente al más carismático y triunfador de los que conforman a día de hoy la serpiente multicolor. Seguramente no sea justo poner sobre las espaldas de un solo hombre un deporte centenario, pero la identificación deportista-héroe es lo que hace llenar las cunetas.

Si el día de mañana el nombre de Contador queda limpio es posible creer en un deporte épico e intachable, es posible creer en las gestas que escriban ciclistas como él, los Schleck o Nibali; si finalmente las acusaciones son ciertas será casi inmoral pedirle a la afición que vuelva a creer en un nuevo campeón.